jueves, 18 de octubre de 2012


Material de Lectura sobre Peronismo

La necesidad de una Doctrina


¿Cómo ordenar a una comunidad para que este proceso creativo masivo no se transformara en un caos, o se dividiera en miles de contradictorias corrientes de opinión discímeles u opuestas entre si?
Perón pensaba en realidad, que había algo que unía a todo el pueblo, simplemente que esta unión espiritual no tenía una interpretación política que le sirviera de base para un proceso de autodeterminación. 
Había que buscar cuales eran los sentimientos comunes, los valores imprescindibles, los pensamientos-guía de la comunidad.

Era necesario entonces la interpretación de una Doctrina para lograr una Unidad de Concepción en el pueblo. Esta doctrina debía brindar una unión espiritual al Movimiento, Y lograr una mística apropiada para servir de unión y estimulador de las estructuras políticas en el proceso de lograr la Unidad Nacional.

Serían como las guías imaginarias, grandes líneas de acción donde el Pueblo podría ordenar su acción transformadora.
¿En qué consiste la organización espiritual? En la Doctrina. Ahí radica todo, porque mediante la doctrina, todos pensamos de una manera similar, y de los que se trata, al inculcar la doctrina, es precisamente de llevar a los hombres a una concepción similar de la vida y de la acción en beneficio de la vida del Movimiento. (1)
Juan Domingo Perón
Esta Doctrina que fue formándose durante los años fundacionales del peronismo, tuvo una primera síntesis en el año 1947 cuando se publica la primera edición de la Doctrina Peronista . 
Un año después, el 1 ° de mayo de 1948, el Gral. Perón con el evidente propósito de “despersonalizar” la concepción ideológica, la denomina por primera vez: Justicialismo.
Mas adelante, el l7 de octubre de 1950 anunciaría al Pueblo argentino, reunido en la Plaza de Mayo Las Veinte Verdades del Peronismo, que se podrían considerar la primer gran síntesis doctrinaria de su pensamiento.

Una Mística Revolucionaria

¿Cual sería la mística revolucionaria del peronismo?
Seguramente se basaría en la acción de resolver la injusticia social que el capitalismo individualista y explotador había instrumentado.
Pero hay muchas formas de resolver una injusticia.
Muchas veces somos caritativos con las personas a las cuales le faltan las cosas que a nosotros nos sobran. Ser caritativo es sin duda una buena acción, una especie de peldaño en el camino hacia la bondad. 

También encontramos personas que tienen una actitud de servicio hacia los demás, como médicos, asistentes sociales, religiosos, enfermeras, maestras, bomberos, etc. 

En esta acción vemos, por ejemplo, los actos cotidianos y heroicos de miles de personas anónimas que con su actitud de servicio fueron la contención social, en la última grave crisis de nuestro país en el año 2001.
Figura 6: 
Evita, infatigable en su despacho de la Fundación.

 
Basta mirar la vida de las maestras de escuelas rurales y de barrios pobres, que terminaron no solamente enseñando, sino dando de comer, a veces limpiando, curando y brindando simplemente amor a miles de chicos desamparados. 
O las enfermeras de los hospitales públicos que con magros sueldos y sin nada de insumos, tuvieron que afrontar una masa de gente desesperada y sin recursos. 
Podríamos decir que en la Vocación de Servicio encontramos otro peldaño ascendente en ese camino hacia la bondad humana.
Pero hay algo superior a la Caridad y la Vocación de Servicio y eso es la Solidaridad.
Ser solidario con el que lo necesita es básicamente reconocer en el otro a su hermano, a un igual.
Ser solidario significa abrazar a ese hermano en desgracia, ayudarlo, comprenderlo y consolarlo en un momento difícil.
Ser solidario es unificar la esperanza: la del que asistimos, con la nuestra, una especie de estar todos en el mismo barco y si nos hundimos, pues nos hundiremos todos. 
La solidaridad nos une con los que menos tienen en un compromiso. Este compromiso no es sencillo de resolver, es asumir la desigualdad como un hecho circunstancial y remediable; por eso hablamos de igualarnos en la esperanza de derrotar esa injusticia.
Este valor alcanza su máxima expresión en la actitud cristiana de ser en el otro que encuentra en la vida de Cristo su máxima entrega.
Llevar este sentimiento a una cultura política fue el camino que eligió el peronismo para encontrar su mística revolucionaria.
“Si tuviera que decidirme por un factor aglutinante, optaría por la solidaridad social, como fuerza poderosa de cohesión que sólo un pueblo maduro puede hacer germinar...” (2)

Juan Domingo Perón
Como en toda revolución, en el devenir histórico de sus propias transformaciones, esa mística encontraría su propia síntesis.
La revolución americana, por ejemplo, que levantaba la mística del hombre héroe, el individuo que resumía en sí mismo al sacerdote y al juez, desarrollaría su ícono en el sheriff, o el superhéroe, que su cultura inmortalizaría desde sus series, películas y comics.
La mística justicialista encontraría también su síntesis, su ícono. No sería un superhéroe, ni tendría poderes sobrenaturales, adquiriría la forma de una frágil mujer, de ojos brillantes y enérgica voz.
El pueblo la llamaría cariñosamente: Evita.
Desde su Fundación derramaría su acción solidaria entre todos los que la necesitaban, ella sería el abrazo con los que menos tenían. Ella sería el barco donde los naúfragos de la argentina colonial subirían, a recuperar su dignidad perdida.
Figura 7: 
Eva recibe el cariño de una beneficiaria de la Fundación.

 
El amor incondicional de su pueblo y el odio de los egoístas y oligarcas la transformarían en un símbolo.
Hoy en la Argentina, la solidaridad social está inmersa como un valor inamovible de su Pueblo.
Es un legado de Eva Perón y de la revolución justicialista.
Yo entendí enseguida, qué era realmente Evita.

Era puro amor por el pueblo. Era una maravilla. Una muñeca de belleza, acompañada de una tremenda fe. Esa fe, estaba depositada en su amor al pueblo y en su amor por mí. Por que en mí, veía ella la encarnación de ese amor popular.

Porque fue eso. Fue amor lo que nos unió al pueblo, a Eva y a mí...

....Hizo de su vida lo que quiso el pueblo.

Hizo una entrega total y absoluta. Tanto fue así que le costó la vida. Ella se fue en su momento. Yo me iré en el mío. Pero lo que hicimos no se puede destruir con la muerte.

Cada uno de los tres, el Pueblo Eva y Yo, en el otro que subsista, vivirá, y el pueblo será quien nos sobrevivirá. (3)

Juan Domingo Perón
Daniel Di Giacinti